De técnica, tinta e Inktober 2019

Llega el mes de octubre y, con él, los pinceles, la tinta y el Inktober.

El Inktober es ese reto artístico creado por el artista Mr. Jake Parker que tiene tanto éxito en Instagram.

Consiste en crear una imagen gráfica al día durante los treinta y un días que tiene el mes con la técnica de la tinta, y subirla a las redes para compartirlo con la comunidad.

Cada año son más los seguidores que se suman al reto, incrementando así su popularidad.

Y, claro, todos acabamos buscando motivos para sumarnos. Pues bien, si os apetece quedaros a que os cuente los míos para sí hacerlo, bienvenidos a este post.

Primero os voy a contar mi particular historia con este reto.

Descubrí el Inktober hace ya, por lo menos, unos siete u ocho años. Y seguro que fue gracias a que algún amigo artista me lo comentó. Yo, por entonces, ya hacía mis primeros intentos con tinta.

De hecho, si me remonto a mi juventud, creo que después del lápiz vino el rotulador calibrado. Porque sí, mis influencias manga cuentan (¡y mucho!).

No me atreví, hasta varios años más tarde, a intentar sumarme al reto. Y digo intentar porque para mí un dibujo al día suponía un compromiso que no era capaz de cumplir, y me generaba estrés.

¡Claro! Tanto artista que sigo y que hace un trabajo bárbaro, con unos dibujos acabadísimos y con un nivel increíble, y yo que sentía que mis intentos eran una porquería (sigo sintiéndolo así…) y que no valía la pena si quiera intentarlo.

Pero el caso es que a mí me gusta mucho el medio y las posibilidades que tiene: desde los rotuladores calibrados que te dan una precisión y un control en el dibujo; la plumilla y el gustito por esa fricción con el grano de papel; los pinceles de precisión; hasta las aguadas de tinta y los efectos que producen con agua y lejía, incluso la mezcla con acuarela líquida.

Recuerdo con cariño el día en que en clase de dibujo, cuando mi profesor me veía frustrada por algún motivo, me cambiaba los lápices y acrílicos por tinta, plumilla y pinceles y me dejaba abierto un gran libro sobre árboles del mundo para que me inspirasen. De repente, todo era disfrute y calma.

Más tarde vino el primer reto al que decidí sumarme. Fue en 2015. Debí de hacer unos cinco dibujos, no más. Y, pensé: “No vuelvo a hacerlo, porque no soy capaz de seguir el ritmo y mucho menos de terminarlo.”

Pero volvía a llegar el año siguiente y aquello era como un imán, a la vez que un torbellino de sensaciones, de disfrute y frustración al mismo tiempo.

Empecé a ver cómo mucha gente convertía el reto en un proyecto personal y cómo yo no encontraba mi manera de afrontarlo. Decidí que para mí el Inktober sería dedicarme a la experimentación y a disfrutar, sin parame demasiado a pensar el contexto.

En 2017 completé el reto, o, tal y como yo lo afronté, fui consistente y casi todos los días seguí sin abandonarlo. Y, lo más importante para mí: subí tanto los dibujos que me gustaban como los que no. Porque creí que de verdad la competitividad me estaba frenando y ver tanto dibujo bueno me dejaba paralizada.

Unos meses más tarde me apunté a los cursos online que tiene en Schoolism un artista al que habré mencionado en más de una ocasión (y no me cansaré de hacerlo): Nathan Fowkes.

Nathan tiene una aproximación a la tinta muy concreto: como pequeños y rápidos estudios de valores en composición y diseño de sus dibujos de concepto que me aportó lo que necesitaba:

Un tiempo de ejecución limitado, una aproximación gráfica más suelta y despreocupada, y un formato y tamaño muy conveniente tanto para llevarlo encima y aplicarlo en cualquier lugar, como de ejecución práctica a incorporar como hábito en mi rutina y proceso de trabajo.

En 2018 apliqué esta aproximación a mis bocetos e hice un poco de todo. Lo podéis ver en mi entrada de blog Reto Artístico Inktober 2018.

Este año, ha sido esta la aproximación que he utilizado de nuevo para realizar una colección de paisajes con árboles en mis bocetos de tinta para el Inktober 2019. Además, este año también he compartido tanto en mi feed como mis stories de Instagram vídeos con el proceso de trabajo, y que todavía podéis ver en: Instagram de Ale Díaz Bouza

Os muestro aquí algunos de los resultados.

Para mí ha sido una experiencia fantástica, porque he conseguido hacer un total de 25 bocetos en tinta, con lo que mi compromiso va aumentando.

La consistencia en este tipo de bocetos me ayudan en el proceso de creación de ambientes, de diferentes texturas, niveles de contraste y composición. Además, creo que el volver a mancharse las manos y jugar con el medio es una experiencia que ayuda a desconectar de otros tipos de trabajo.

Lo más importante para mí ha sido haber disfrutado del proceso. Y no sentir que, por no haber podido hacer los 31 dibujos ha sido un fracaso. Todo lo contrario.

De hecho, el mismo Jake Parker este año tuvo que recordar que las metas de este reto son las que se pone uno mismo y no la competición con los demás. Lo bueno es dejarse contagiar de la inspiración que aportan los compañeros y admirados artistas.

Además, el ser consistente con este tipo de bocetos me está ayudando mucho en mis proyectos profesionales y personales, algo que seguramente os explicaré en una próxima entrada de mi blog.

Hasta pronto!